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Garrochistas conversando a campo abierto.
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La doma del jinete, pasos a seguir

Las cinco virtudes que debe tener el hombre de a caballo

martes 19 de mayo de 2020, 09:56h
Con este, finalizan los artículos extraídos del libro Doma Vaquera de nuestro recordado Luis Ramos-Paúl. Y lo hacemos con un apartado al que hay que darle suficiente importancia porque no solo se doma al caballo, si no, como muy bien comenta él, también hay doma del jinete. Leer más…

La doma del jinete

Pasos a seguir

Junto con la doma del caballo, creo necesaria e imprescindible la doma del jinete. Y quiero expresar, precisamente en términos hípicos, lo que de disciplina, perseverancia, paciencia, método, inteligencia y educación ha de tener el jinete.

Disciplina

Es lo primero que ha de tener el jinete. Tener muy en cuenta esa gran verdad de la máxima hípica: “el jinete que no se domina a sí mismo no podrá nunca dominar al caballo”. Porque el hombre de caballo ha de pensar siempre como jinete, ver en todas las manifestaciones de la vida un motivo hípico, ver en cada caballo una, por lo menos una, virtud junto a los demás defectos, amar intensamente a los caballos, sacri?carse al máximo por ellos, vivir en jinete, y, me atrevería a decir: “soñar con los problemas que ellos nos plantean”. Porque el jinete que al bajarse del caballo no analiza y piensa detenidamente el “porqué” del problema que ha planteado el caballo durante su trabajo, nunca jamás lo resolverá.

Siempre, frente a la fuerza del caballo, hemos de oponer nuestra inteligencia; es la única arma que tenemos para vencerle. Ser disciplinado tanto en el trabajo como en el cuidado del caballo y de los arneses. Ser disciplinado en las pequeñas cosas que nos parecen indiferentes, pero que en el conjunto de todas ellas nos hacen aparecer como un hombre recto y disciplinado, no solo en lo referente al caballo sino en toda nuestra vida.

Perseverancia

No claudicar nunca. Hay que seguir, a pesar del trabajo que nos cuesta por veces volver a montar al día siguiente un caballo del que no hemos conseguido nada el día anterior. No desanimarse nunca.

Tener siempre la certeza de que, al ?nal, conseguiremos lo que nos hemos propuesto. El trabajo diario y continuo ha de ser nuestro objetivo primordial. La constancia ha de ser, junto con la inteligencia, el arma poderosa para vencer. No podemos olvidar la gran memoria del caballo, tanto para lo bueno como para lo malo; por lo tanto hemos de procurar hacer las cosas bien y en continuidad. El Capitán Beudant nos dice: “Pedir con frecuencia, conformarse con poco, y recompensar mucho”.

Cada jinete debe tener su método, recopilando toda la información precisa de los maestros de la equitación

Paciencia

Una gran paciencia. Grandes dosis de paciencia, que a veces nos hace rebelarnos con nosotros mismos ante nuestra ignorancia para resolver un caso.

Tener siempre muy en cuenta que estamos tratando con un animal y que somos nosotros, únicamente nosotros, los que sabemos decirle lo que queremos de él en determinados momentos.

Antes de emplear la fuerza (en muy raras ocasiones hay que usarla con razón), pararse, tragarse uno mismo el sabor del fracaso y volver a comenzar.

Lo que no conseguimos hoy, puede que sea mañana, o en todo caso dentro de un año, pero al ?nal lo conseguiremos. Es muy importante en un jinete mirar hacia delante, o sea, tener la mirada puesta en un objetivo a conseguir al meter el pie en el estribo para montar. Pero, más importante aún, es mirar hacia atrás cuando se baja, y comparar el trabajo de hoy con el de hace meses.

Método

Todo jinete que se precie de serlo, ha de tener un método. Me da igual cuál fuere. Hay muchos y mucho se ha escrito sobre ello por grandes jinetes. Mas lo que sé ciertamente es que el jinete que trabaja

su caballo sin método alguno no conseguirá nunca nada.

Hay métodos que recomiendan empezar el trabajo por el paso, luego el trote y al ?nal el galope.

Otros aconsejan al revés. Es igual, lo importante es que haya método. Cada jinete ha de observar y analizar el que le vaya mejor a él y a su caballo. Lo que no se puede consentir es trabajar un caballo sin orden, sin método, sin ton ni son, porque al ?nal acabará loco el caballo y un tanto igual el jinete.

Recuerdo que en cierta ocasión un jinete principiante le hablaba a un gran maestro sobre el método que le estaba in?riendo a su caballo: trabajaba una hora diaria; los lunes solo al paso, los martes al trote, los miércoles al galope, el jueves le daba una paliza fenomenal y el viernes lo dejaba en descanso. Bien, es un método fatal y nada recomendable, mas qué duda cabe que en la cabeza de este joven principiante e inexperto, bullía, sin él saberlo, un ansia de establecer entre él y su caballo un método. Y prueba de ello es que pasado el tiempo, este joven principiante e inexperto, luego de haber pasado por mucho estudio, clase y mucha perseverancia, se ha convertido en un buen jinete.

El trabajo con el caballo es duro, pero hay que tener constancia y perseverancia día tras día

Inteligencia

Me parece que anteriormente me referí a la inteligencia del jinete. Ahora vuelvo a insistir en el tema porque creo fundamental que el jinete use su cabeza, piense y cavile una y otra vez sobre los problemas que suele plantear el caballo.

Por supuesto que el jinete veterano, por su experiencia, ha de tener mucha más cabeza que el que comienza. Por eso es recomendable en los principiantes leer y estudiar a los grandes maestros del arte ecuestre, porque ellos serán nuestros maestros, y junto a ellos la experiencia de montar mucho y toda clase de caballos, buenos y malos, purasangre, cruzados, españoles, árabes, etc.

El conjunto de todos ellos nos dará la experiencia, que es el camino de la sabiduría.

El maestro de maestros, Nuno Oliveira, dice en sus “Re?exiones Sobre el Arte Ecuestre”: “es necesario montar a menudo, pero al mismo tiempo sin dejar que los libros cojan polvo en las estanterías”.

Educación

Un hombre de a caballo ha de ser un hombre educado. La educación no ha de estar en ningún momento reñida con la equitación, es más, ha de estar estrechamente unida. Pero si realmente queremos domas, es decir, educar a un caballo, hemos de ser nosotros los primeros educados.

Educación que no solo hemos de mostrar en nuestro trato con el caballo, sino con todo lo que está a nuestro alrededor, y de una manera muy especial con nuestros compañeros de o?cio, los jinetes.

Hablar poco y preciso. No caer nunca en la charlatanería chabacana y orgullosa de si yo hice o dejé de hacer. Ser humilde ante nuestros semejantes, ya sean maestros o principiantes, porque de todos se aprende. Acoger con respeto las ideas ajenas, coger las buenas y en la soledad desechar las que nos parecen las malas. Escuchar a todos, sabiendo escuchar.

Que nuestros modales sean siempre correctos, sin caer en la cursilería y el amaneramiento, sino todo lo contrario, llenos de naturalidad, porque estamos precisamente metidos de lleno en un arte, el arte supremo de sacarle al caballo sus aires naturales delante de un toro bravo.

Texto y Fotos: Doma Vaquera editado por Noticias, S.L.

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